del mito a la realidad…el narco en mexico

LA VENGANZA

Marzo 7, 2008 · 5 comentarios

Z 
La captura de siete zetas en una discoteca de Reynosa, Tamaulipas, en abril pasado, provocó la ira del cártel del Golfo, que de inmediato quiso cobrar venganza y levantó a cuatro de los 26 agentes de la Agencia Federal de Investigación (AFI) que participaron en las capturas. Para ello, el cártel pidió ayuda a 21 policías neoleoneses del municipio de Guadalupe…

El pasado 14 de abril, 26 elementos de la Agencia Federal de Investigación (AFI) fueron comisionados para una tarea difícil y peligrosa: detener a siete presuntos miembros de Los Zetas, quienes asistirían tres días después a la inauguración de un centro nocturno en Reynosa, Tamaulipas, conocido como El Cincuenta y Siete.Los policías federales Omar Víctor Nolasco Espinoza –jefe de los comisionados–, Luis Solís Solís, Oscar Alberto Vértiz Valenzuela y Guimel Raúl Aponte Santillán, miembros del Grupo de Operaciones Especiales (GEO) de la AFI, llegaron a Reynosa la tarde del sábado 14 de abril. Los otros 22 agentes estaban listos, desde el día anterior, alojados en un hotel de Monterrey.

El día del operativo, el 17 de abril, los 26 agentes se concentraron en el Campo Militar de Reynosa en espera de las instrucciones y del apoyo logístico que les otorgaría un equipo especial del Ejército. En ese lugar los militares fueron directos: “No se muevan –les dijeron–, esperen las indicaciones porque el trabajo que se realizará es muy delicado”.

Todos acataron la instrucción, mientras el área de inteligencia militar continuaba recabando datos y afinaba los detalles del golpe contra el cártel del Golfo, que finalmente resultó exitoso.

El plan parecía de rutina: catear varios domicilios, realizar un operativo durante la inauguración de la discoteca El Cincuenta y Siete –una de las novedades del lugar– y detener a siete delincuentes, presuntos miembros de Los Zetas, así como a varios “halcones”, su grupo de apoyo formado en su mayoría por policías ministeriales de Tamaulipas y Nuevo León.

Afinada la logística, elementos de inteligencia militar se reunieron con los 26 agentes de la AFI. Y le detallaron al comandante Nolasco Espinoza su plan: “Todo indica que ahí estarán Los Zetas”, le aseguraron.

Eran las 9 de la noche cuando el comando abandonó las instalaciones del Ejército. Los agentes se dirigieron a la discoteca. Al frente del grupo iban los comandantes Vertiz, Aponte y Nolasco. Atrás, el comando, bien armado y con suficientes pertrechos para enfrentar cualquier contingencia.

De acuerdo con los datos contenidos en el auto de exhorto 253/007 y la causa penal 092/2007, en la discoteca El Cincuenta y Siete estaba programado el show de la cantante Gloria Trevi, que iniciaría a las 10 de la noche y terminaría hasta el amanecer. El lugar estaba abarrotado desde temprano. La gente comenzó a beber alcohol a partir de las 8 de la noche.

Aturdidos por la música y las luces multicolores, los consumidores no se percataron cuando los agentes federales y varios militares entraron al lugar poco antes del mencionado espectáculo de la Trevi. Llevaban un permiso judicial y ordenaron a los encargados del lugar que silenciaran la música y encendieran las luces interiores. Así fue como pudieron catear la discoteca y detener a cerca de 10 personas que llevaron de inmediato a las instalaciones del Campo Militar, donde fueron sometidos a un largo interrogatorio. Poco después confirmaron sus sospechas: los detenidos sí eran miembros de Los Zetas.

LA VENGANZA

Z2Al día siguiente del operativo, el miércoles 18, los agentes federales salieron de las instalaciones militares, mientras los detenidos fueron llevados al aeropuerto de Reynosa y trasladados en un avión oficial a la Ciudad de México, donde fueron puestos a disposición de la PGR.

Antes de regresar a sus bases –la mayoría de ellos estaban adscritos a la ciudad de México–, los agentes federales decidieron ir de compras por la ciudad. El cuarteto formado por Guimel Raúl Aponte Santillán, Oscar Alberto Vértiz Valenzuela, Luis Solís Solís y Víctor Omar Nolasco Espinoza, tomaron avenida Hidalgo, rumbo a la tienda Soriana a bordo de un Neón blanco. Eran las 5 de la tarde del 18 de abril.

Tras la detención de Los Zetas en la discoteca, el cártel del Golfo comenzó a rastrear a los policías federales implicados en el operativo, según se asienta en la averiguación citada. La organización recurrió a sus redes integradas por policías ministeriales de Reynosa, Tamaulipas, y de Guadalupe, Nuevo León, cuyos integrantes están identificados como “halcones”, es decir, son espías al servicio del cártel del Golfo.

Con base en los informes obtenidos, un sujeto que en la averiguación previa referida es identificado como Zeta Lima pidió a varios de sus socios y a más de 20 policías del municipio de Guadalupe, Nuevo León, que “le echaran una mano”, porque “necesitaba madrear a unos chavos que ya lo traían jodido y que les iba a poner en su madre”.

Así fue como se fraguó el secuestro de los cuatro agentes de la AFI. Pasaban de las cinco de la tarde cuando, en las inmediaciones de la tienda Soriana un grupo armado a bordo de una Ram y una Suburban interceptó a los cuatro agentes federales. Les tocaron el claxon y les gritaron “Párense!, párense!, hijos de la chingada”.

Los policías se detuvieron. Y comenzó el intercambio verbal. Los integrantes del grupo armado les preguntaron qué andaban haciendo, a quién estaban investigando y quiénes eran sus jefes. Los agentes mintieron: dijeron que andaban cuidando al licenciado Franco y que habían llegado a Reynosa “a entregar unos documentos”. Sus interlocutores no les creyeron. En ese momento llegaron otras tres camionetas, entre ellas una Escalade, con más gente armada. Los cuatro Afis fueron subidos a este vehículo.

Durante más de tres horas los anduvieron paseando por Reynosa y por el municipio de China, Nuevo León, hasta que los trasladaron a una casa de seguridad, donde comenzó el interrogatorio y la tortura. Además, los emborracharon con “un tequila que no parecía tequila” y “nos obligaron a fumar mariguana”, declararon después los policías detenidos.

SOY “EL HUMMER”

Encolerizado, uno de los presuntos secuestradores le gritó al agente federal Oscar Alberto Vértiz Valenzuela:

–¿Sabes quién te va a matar, hijo de puta?

–No

–¿Quieres saber cómo se llama el que te va a matar?, le gritaba, al tiempo que le hundía la pistola en el cuello y le golpeaba la cabeza con el cañón.

El agente guardó silencio.

–Soy El Hummer, El Hummer… ¿Oíste?

–Si señor…

–¿Oíste bien?, insistía a gritos.

–Sí.

-¿Quién es el que te va a matar?

–El Hummer…

–Repite, puto.

–El Hummer, El Hummer…

En el organigrama del cártel del Golfo, El Hummer es Jaime González Durán, jefe de la organización en el municipio de Reynosa, Tamaulipas; según la averiguación previa SIEDO/UEIDCS/77/0027, este personaje controla esa plaza con el apoyo de agentes ministeriales, quienes a su vez están relacionados con policías municipales de Monterrey y de Guadalupe, Nuevo León.

Después, los agentes fueron llevados a otro punto para que los viera “el jefe”, otro integrante de Los Zetas. En sus declaraciones, los agentes aseguraron que el segundo sitio era una casa ubicada en el municipio de Guadalupe. Incluso, señalaron que sintieron que había llegado su fin. Sin embargo, el agente Luis Solís Solís ocultó un celular “en los calzones”, según dijo, que nunca detectaron sus captores.

Acomodado en la parte trasera de la camioneta Escalade, pudo sacar el teléfono y llamar a la base militar y a su jefe, a quien en la indagatoria sólo se refiere como “El comandante Puma”. Le dijo que él y sus tres compañeros habían sido “levantados” y le mencionó el sitio donde –según suponía– los tenían sus captores.

Solís Solís relató lo que sucedió en la segunda casa:

Yo seguía hincado y escuché que dijeron que el jefe había mandado unas botellas de vino, entonces de una botella, al parecer tequila, me empezaron a dar de beber. Lo mismo le hicieron a mis compañeros. Luego me dijeron ¿quieres una fumada?, yo le dije que no y me dio un trancazo en el estómago y me dijo que no era si quería, que era a fuerza y entonces le tuve que dar una fumada al cigarro que tenía un olor a mariguana.

Luego nos sacaron, a mí me tocó al último. Me dijeron “mudo”, para afuera, entonces sentí que nos subieron a una camioneta como de multipasajeros y se escuchaba que venía más gente adelante. Nolasco y el compañero Aponte se estaban quejando por los golpes. A mí me dieron como cinco toques eléctricos. En el trayecto escuché que hablaban en clave, ordenaban que les avisaran a los municipales (presuntamente a los policías de Guadalupe) que pusieran el retén donde ya les habían dicho, que él (el jefe de Los Zetas de la plaza) llegaba en veinte minutos con los Afis, que en dos bolsas negras traían las cosas de nosotros.

Al llegar al punto, a los agentes federales les quitaron las vendas. Narra Solís: Vi como a una distancia de seis o siete metros a varios uniformados, encapuchados, de Seguridad Pública que estaban viéndonos y entonces las personas que nos traían nos comenzaron a dar de patadas. Y dieron la orden: Ya llévenselos, ya saben lo que tienen que hacer…

Para entonces, un grupo de militares apoyados por agentes federales rastreaban a los Afis secuestrados, quienes finalmente fueron encontrados en el retén. Al detectar la presencia de sus compañeros, el grupo de policías de Nuevo León fingió que los habían detenido por sospechosos. Dijeron que los habían llevados a la agencia del Ministerio Público para tomarles su declaración.

POLICIAS CORRUPTOS

Z3Los testimonios de los agentes federales sirvieron de base para que la PGR realizara una investigación, la cual concluyó con la aprehensión de 21 policías de Guadalupe, Nuevo León, entre ellos a una mujer: María Cristina Tapia Papalotzin. En su investigación, la PGR detectó que los 21 detenidos trabajaban para el cártel del Golfo.

Al interrogarlos, estos policías municipales admitieron que estaban al servicio de Los Zetas. También explicaron que en los distintos operativos en los que supuestamente iban a ocurrir balaceras, ejecuciones o “levantones” les llamaba la atención que aparecieran dos reporteros de Televisión Azteca con su cámara. Se referían a Gamaliel López y Gerardo Paredes, reportero y camarógrafo de esa televisora, desaparecidos el 10 de mayo pasado en Monterrey, Nuevo León.

En su declaración ministerial, Tapia Papalotzin narró cómo se enganchó con Los Zetas.

La de la voz ingresó a la Secretaría de Seguridad Pública de Policía y Tránsito de Guadalupe, Nuevo León, el ocho de marzo de 2001 y fue precisamente con motivo de mis funciones (que) me relacioné con gente del grupo delictivo denominado Los Zetas, ya que en el mes de septiembre u octubre del año dos mil seis, al encontrarme patrullando en compañía de Abraham Ismael Martínez Rodríguez, nos interceptaron unos vehículos al parecer camionetas (y) nos obligaron a descender de nuestra patrulla apuntándonos con las armas que traían, diciéndonos “que ellos eran de un cártel” y que no querían que por ningún motivo obstaculizáramos sus labores, que tenían ubicadas a nuestras familias, que ellos iban a estar por ahí y que no nos metiéramos con ellos, que recuerda que al cártel al que hicieron referencia era al cártel del Golfo.

Los Zetas nos dijeron que por nuestros servicios nos iban a dar dinero, refiriendo que nos iban a entregar tres mil pesos por quincena y que después nos iban a hacer saber cómo nos iban a entregar los pagos, por lo que nosotros les dijimos que sí. Después de un mes el comandante Abraham Martínez, quien era mi jefe, me indicó personalmente que nos viéramos por la construcción del Fovissste Camino Real. Al llegar al sitio, se encontraban ahí varios compañeros entre los que recuerdo al comandante Abraham, el comandante Loa, siendo que ahí también se encontraba una persona de quien supe se identificaba como el comandante Gallo, el cual era del grupo Los Zetas y quien en ese momento nos hizo entrega a cada uno de una cantidad de dinero.

A mí me entregó tres mil pesos, al resto de mis compañeros no lo sé, todo dependía del cargo que tuviéramos. Dicha remuneración siempre era a cambio de que no nos metiéramos con ellos y que no los molestáramos cuando los viéramos en la calle. Además, en todo momento nos hacían ver que ellos tenían mejores armas que las nuestras y que tenían ubicadas a nuestras familias, por lo que agarré el dinero que me tocaba y me retiré del lugar.

En enero de 2007, el compañero Mario Enrique Esparza, alias El Monstruo, nos dijo que el comandante Gallo ya no iba a estar en la plaza, que en su lugar estaría el comandante Gory… Me dijo que me quería porque yo sabía mucho del manejo de la radio y también me comentó que a José Rogelio López Gutiérrez le entregaban 50 mil pesos mensualmente y que a Candelario “N” le habían dado (Los Zetas) cien mil pesos… Rogelio se desempeñaba como coordinador de la comandancia, responsable de coordinar a los comandantes, a Los Pumas y a los jefes operativos.

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ASI MUEREN LOS HOMBRES

Marzo 7, 2008 · Dejar un comentario

Las encarnizadas batallas de los narcotraficantes, que en el gobierno de Felipe Calderón suman ya casi 2 mil ejecuciones –incluyendo decenas de decapitaciones y desmembramientos–, son descritas en el libro Crónicas de sangre. Cinco historias de los zetas. El autor escudriña allí los hilos regionales de poder político y económico, así como los escudos policiacos de los cárteles de Sinaloa y del Golfo; relata cómo éste, por medio de Los Zetas, se apodera del territorio de La Laguna y atenta contra el capo de Gómez Palacio, Carlos Herrera Araluce, mientras que sus rivales incursionan en Veracruz aplicándoles su propia “medicina”… A continuación se reproducen, con autorización de la editorial que en estos días pondrá el libro en circulación, Random House Mondadori, fragmentos del capítulo que se refiere a la ejecución del Z-14 durante una de las carreras de caballos que, organizadas por él, le aportaban millones de dólares en apuestas..

A la distancia parecían espejos en movimiento deslumbrando al sol… Sólo quienes, entre la tupida vegetación, podían sortear el camino y acercarse a la explanada, disolvían el espejismo: así resplandecían los medallones y parabrisas de más de 200 vehículos de lujo, entre los que, orondas, prepotentes, destacaban las “cuatro por cuatro” de llantas enormes –Ranger, Yukon, Avalanche, Lobo– estacionadas desordenadamente, aquella tarde del 3 de marzo de 2007, en un paraje de Villarín.

A la entrada de esa comunidad veracruzana de unos 300 habitantes, que recientemente había saltado a la fama por celebrar carreras de caballos de acaudalados ganaderos y poderosos narcotraficantes, se avistaban ya las trocas verde olivo o negro metálico de formidables defensas y se percibía una mezcla del olor a barbacoa, carnitas y carne asada de venado que, a la sombra de la arboleda, consumían algunos de los asistentes pendientes de sus Hummers, las camionetas más codiciadas por los narcotraficantes de todos los pelajes que habían llegado procedentes de Nuevo León, Tamaulipas, Chiapas, el Distrito Federal y McAllen, Texas. Su propósito: poner a competir finos caballos pura sangre y apostar cantidades que podrían sumar millones de dólares.

(-) La pobreza de Villarín, donde se mantienen en pie apenas unas 150 casas, no alcanza a imaginar el poder económico de los empresarios y ganaderos que cada fin de semana llegan ansiosos de calar a sus mimados corceles. Se calcula que cada uno de éstos cuesta por lo menos 3.5 millones de dólares, y todo el mundo sabe que los hombres que han bajado de los vehículos de vidrios polarizados van a apostar una bolsa de por lo menos 2.5 millones de dólares en cada justa.

Antes de este próspero y animado período que el 3 de marzo culminaría en tragedia, la tranquilidad de Villarín bordeaba el aburrimiento. (-) El principal problema de Villarín, solían decir sus habitantes, es que no había problemas. Y, como si los hubieran invocado, en junio de 2006 comenzaron a llegar.

Todo empezó cuando Efraín Teodoro Torres, miembro del grupo armado conocido como Los Zetas, irrumpió en la comunidad invitado por Marciano Nayen y su hijo Arturo, quienes lo habían conocido tiempo atrás en el puerto de Tuxpan atraídos por su debilidad compartida: los certámenes equinos. Perseguido por sus rivales del cártel de Sinaloa, Torres buscaba un sitio tranquilo para apaciguar su vida de tránsfuga, de fugitivo, de matón. Más aún cuando, por aquellas fechas, ya era representante del escudo armado del cártel del Golfo en tierras veracruzanas.

El Efra, como también le decían, contaba que un día decidió cambiar su vida de jodido por la fortuna y el poder del narcotráfico. Resuelto a ser temido y respetado a cualquier costo, simplemente dijo:

–La miseria ya me hartó. Mi vida no tiene ya sentido. Me voy.

Incorporado poco después en las filas del cártel del Golfo, pronto destacó en el manejo de la droga y las confrontaciones a balazos. Esto, con su plus de adrenalina, lo volvió, en efecto, tan temido y respetado que el mando supremo de dicho cártel consideró que no había nadie más capacitado que él para encargarse del estratégico estado de Veracruz.

Sin embargo, provisto ya de fama, poder y dinero, muchísimo dinero, Teodoro Torres se percató de que necesitaba, además, esparcimiento y seguridad. Era perseguido en todas partes y resultaba imperativo relajar sus nervios. Se hizo entonces de una cuadrilla de caballos y, con apoyo de funcionarios de Veracruz y de la Secretaría de Gobernación –reguladora de estas justas–, consiguió carriles profesionales para organizar competencias internacionales sin que nadie perturbara su clandestinidad.

Pero como aún le faltaba el paradisiaco refugio de sus más recientes sueños, decidió visitar a los Nayen, y éstos, encantados, le brindaron el lugar. Allí tendría no sólo seguridad y tranquilidad, sino también profesionales cuidadores de caballos y espacio para realizar las competencias e hincharse de dinero.

Con el respaldo oficial –no podía ser de otra manera–, Villarín se convirtió, de la noche a la mañana, en una de las cuatro plazas más importantes del país que celebran carreras ecuestres ilegales. Comparte el honor con Cintalapa (Chiapas), Guadalajara y el Estado de México. La localidad empezó a ganar celebridad tan pronto como se apersonaron grandes ganaderos y empresarios de historia nebulosa que veían en ella el sitio ideal para dar rienda suelta a sus pasiones.

(…) Los malos signos, barruntos ya del fatídico 3 de marzo, se presentaron desde entonces. La primera cuadrilla alojada en Villarín no se aclimató. Acarreados de lugares altos y fríos, los animales resintieron de inmediato el clima cálido-húmedo y disminuyeron su rendimiento. Algunos bajaron de peso en unos cuantos días a consecuencia del calor, en tanto que otros sufrieron una merma preocupante en la velocidad cronometrada. Su propietario no tuvo entonces más remedio que llevarlos de regreso a las alturas, y sí, el clima frío les devolvió la prestancia.

La siguiente cuadrilla la conformaban seis animales de los más finos que, a diferencia de los anteriores, presto se adaptaron. Para cuidarlos (…) el Z-14 tenía por lo menos 10 empleados, tres de los cuales eran miembros de una familia afincada en el lugar. Aparte de su chofer, los más importantes de sus colaboradores eran expertos concentrados en atender los caballos del “patrón”, como todo el mundo le decía. Los cuidadores no tenían sueldo, pero estaban tan bien estimulados que funcionaban bajo un jugoso trato: les pagaban con el 15% de la bolsa obtenida en una carrera estelar. Por ejemplo, si el Z-14 ganaba un millón de pesos, el cuidador del caballo se llevaba 150 mil, libres de polvo y paja.

(…) Además, el intenso calor, que suele debilitar a los equinos, tenía su remedio: del techo de cada pesebre pendía un potente ventilador para refrescarlos durante el día y, si era necesario, por las noches. Así vivía Cuadritos, el preferido del Z-14. Imponente, brioso, de prestancia elástica y alerta, el cuerpo estético de Cuadritos lucía ancas soberbias, fuertes metacarpos y ágiles falanges. Cuadritos, cuyo valor se calculaba en unos 350 mil dólares, dejaba con la boca abierta a cualquier entrenador. Era uno de los caballos más veloces del país. Cuando lo ponían a prueba, desplegaba toda su energía y alcanzaba una marca que decían insuperable: 10.5 segundos en 200 varas…

***

Ya eran casi las dos de la tarde cuando aquel 3 de marzo, aguijoneados por el alcohol, varios concurrentes procuraban acercarse a los carriles centrales. Todo el mundo quería estar en primera fila, cerca de la pista, para no perder ningún movimiento de los animales y, en particular, del prodigioso favorito: El Alexander.

Antes del disparo de salida –la primera competencia arrancaría a las 3:30 de la tarde– habían llegado unas 750 personas que, a la sombra de los árboles y bajo las palapas, disfrutaban de las neveras repletas de hielo y cervezas que sudaban, así como de las botellas de tequila, ron y brandy pasadas de mano en mano. Todo el pueblo estaba enfiestado: lanzaba cohetes y escuchaba la música al máximo volumen, sin importar que en las caballerizas los “cuarto de milla” y los pura sangre se pusieran nerviosos.

Los espectadores de la región se confundían con los narcotraficantes llegados de lejos, y el único indicio de peligro eran las personas armadas que miraban en todas direcciones mientras en los alrededores, recostados o alertas al pie de los árboles, acechaban varios policías municipales. Extrañamente, vigilaban una narcocarrera que carecía de todos los permisos. E inclusive después de lo ocurrido ese día, ni las dependencias municipales ni las estatales reconocieron haber mandado guardias al lugar.

–La autoridad reguladora de esos eventos es Gobernación, declararía más tarde Reynaldo Hernández Escobar, secretario de Gobierno del estado, quien dijo además no haberse enterado de que allí se habían reunido algunos personajes buscados por la justicia y amigos del gobernador Fidel Herrera Beltrán.

(…) Oficialmente, los organizadores habían programado cinco carreras. En la última, la estelar, correrían El Huachinango, El Huracán y El Alexander, tres de los caballos más rápidos de México, según rezaba la propaganda que circulaba por el pueblo. El tercero era propiedad de Efraín Teodoro Torres, quien se decía oriundo de Coatzintla. En las apuestas, la mayor parte de los presentes se volcarían en apoyo del portentoso corcel del Z-14.

(…) Aunque las primeras cuatro lizas cerraron sin contratiempos –los ganadores estaban contentos, los perdedores no tanto–, al hallarse próxima la quinta menudeaban los rostros irritados que espetaban insolencias.

Eran ya cerca de las seis de la tarde cuando se pusieron en la línea El Huachinango, originario de Cintalapa, Chiapas; El Huracán, de Tuxpan, y El Alexander, programados para correr a cuatro mecates. (Cada mecate representa 100 varas, y cada vara equivale aquí a 1.19 metros.) La bolsa: 10 millones de pesos.

Los efectos del alcohol no podían ya ocultarse. Con la voz descompuesta y la mirada extraviada, varios de los asistentes prorrumpían en improperios, entre los que sobresalían las mentadas de madre y los retos de revancha.

(…) Los elementos de la Policía Municipal, bajo el mando del comandante Gerardo Gutiérrez Monraga, no perdían de vista a su cliente, el Z-14, a quien brindaban protección.

El Huachinango, El Huracán y El Alexander fueron conducidos ceremoniosamente, garbosos, elegantes, al punto de partida. El Z-14 y su séquito se situaron cerca del carril, pegados a la meta, donde el cronometrista, nervioso, preparaba el reloj.

En medio de un creciente murmullo, resonó el disparo de salida.

Los tres arrancaron nerviosos. El Huachinango tomó ventaja de inmediato. La gente gritaba: “¡Apriétalo, apriétalo!”, pero a las primeras de cambio perdió velocidad y fue alcanzado por El Alexander.

Los partidarios del favorito aplaudían y daban taconazos en la tierra; sus contrincantes sacudían los puños y rechinaban los dientes. Al aproximarse a la meta, los espectadores se desgañitaban: El Huachinango y El Alexander iban parejos.

De pronto, mientras los cuerpos de los presentes se retorcían, se oyó gritar a uno, con voz grave y al parecer inapelable: “¡Ganó El Huachinango!”, “¡Ganó El Huachinango!”, a lo que el vecino respondió: “¡Ganó El Alexander, ganó El Alexander!”

A ambos se sumaron divididos los demás espectadores, empezando por los dueños: había dos caballos “ganadores”. Y, al punto, entre los rostros enardecidos o asombrados, brotó la discusión:

–¡Te gané por media cabeza! –soltó el Z-14 en medio de la confusión.

–¡Me ganaste madres, págame! –reclamó el propietario de El Huachinango, con los ojos inyectados y la piel enrojecida.

Las disputas prosiguieron con el apoyo convencido de cada uno de los bandos, hasta que brotaron ciertas dudas:

–Esto está muy apretado –dijo el fotógrafo contratado para el evento.

–Denme media hora, voy ampliar las gráficas originales y regreso para que se decida.

Apenas pasaba de las 6:00 de la tarde cuando el fotógrafo partió rumbo al puerto de Veracruz.

Mientras tanto, la discusión subía de tono y, de repente, surgieron los disparos. Pero no provenían de los bandos rivales por la carrera, sino que, de acuerdo con testigos, los primeros balazos salieron del graderío. El autor de aquellas detonaciones era un sujeto de estatura mediana, piel morena, al parecer centroamericano, con dos armas a la vista: un rifle AK-47 y una pistola de 0.9 milímetros.

Su cuerpo se cimbraba con las deflagraciones.

De acuerdo con los testimonios, su probable y único objetivo era asesinar al Z-14 por una vieja deuda. En torno a éste y por todas partes, la gente había emprendido la estampida; se escondía detrás de las neveras, las camionetas, los matorrales, mientras los gatilleros de Teodoro y otros al servicio de los narcos disparaban hacia la multitud con la esperanza de parar a aquel “cabrón”.

Las balas zumbaban y los presentes, aterrorizados, veían caer un cuerpo y otro y otro hasta que, incrédulos, observaron cómo el invencible Z-14 manoteaba y se derrumbaba con la vista perdida en medio de una polvareda.

Aún recuerdan esa imagen como una pesadilla. Afirman que varios de los concurrentes fueron muertos en la refriega y que muchos otros gritaban de dolor por las heridas. Calculan que el tiroteo duró una media hora. Los policías que brindaban protección al Z-14 tomaron partido y, junto con algunos sicarios, arremetieron contra el pistolero, que salió del graderío, y contra quienes parecían secundarlo. No cesaron de dispararle hasta que aquella masa humana se desplomó ensangrentada.

(…) En el momento en que partían a toda velocidad los coches, trocas y camionetones, los guaruras del Z-14 levantaban a su jefe resollando todavía. Cuando lo transportaban al hospital Milenio, del puerto de Veracruz, falleció en el camino: había recibido siete balazos.

El gobierno de Veracruz aseguró que en el enfrentamiento sólo hubo dos muertos: Efraín Teodoro Torres, el Z-14 –a quien se identificaría también como Roberto Carlos Carmona Casperín–, y el sujeto que desató la balacera y cuya identidad se desconoce. Pero en el pueblo la gente asevera que sobre los carriles había como 10 muertos, que fueron subidos a los vehículos por familiares y amigos que los arrastraban como fardos.

Tras la batalla, Villarín lucía desolado. Unas cuantas personas que permanecieron en la comunidad estaban como pasmadas. Nadie quería recordar la carrera ni la balacera, pero observaron que la Policía Intermunicipal tardó dos horas en llegar, cuando el escenario del enfrentamiento había sido “limpiado”. Los gendarmes sólo encontraron un reguero de vasos, platos, botellas de licor, manchas de sangre y cientos de casquillos de todos los calibres (…)

***

El cuerpo del Z-14 fue trasladado al Servicio Médico Forense de Boca del Río, con tan mala fortuna todavía que, sobre una plancha de concreto, quedó a un lado del cadáver de su asesino. El hombre que había iniciado los disparos en Villarín lucía, tatuadas en el pecho, las figuras estilizadas de un dragón y una mujer. Como no había imágenes ni registros de él en los archivos, fue mantenido allí varios días en espera de que algún amigo o familiar llegara por el cuerpo. En virtud de que nadie lo reclamó, vencido el plazo legal fue arrojado a la fosa común en calidad de desconocido.

En cuanto al Z-14, tardó un par de días en ser reconocido por presuntos familiares. La prensa veracruzana, alimentada por rumores, había complicado aún más su identificación. Aseguraban que se trataba del mismísimo Heriberto Lazcano Lazcano, el Z-3, máximo jefe del grupo armado Los Zetas, quien había desertado del Ejército a finales de los años noventa para llegar hasta la cumbre del círculo protector del cártel del Golfo. Como era uno de los hombres más buscados por la justicia mexicana, la propia PGR investigó si, en efecto, aquél era el cadáver de Lazcano. El dato resultó falso. “Heriberto Lazcano está vivo” –concluyó la PGR– y sigue siendo el jefe supremo de Los Zetas.

En vez de ayudar, las autoridades veracruzanas multiplicaron las dudas, no sólo por los datos que filtraban a la prensa, sino por la displicencia mostrada para deshacerse del “bulto”. Resulta que, dos días después de que el cadáver del Z-14 fue alojado en el Semefo de Veracruz, llegó una mujer que se identificó como Julia Casperín Zapata.

–Quiero que me entreguen a mi hijo. Yo soy su madre –dijo la mujer, blandiendo su credencial de elector.

(…) Sea cual fuere la verdadera identidad del Z-14, Efraín Teodoro Torres o Roberto Carlos Carmona Casperín –la PGR lo identificó con ambos nombres, mientras que el Servicio Médico Forense lo entregó bajo el segundo– (…), la eficiente estructura administrativa del alto mando de Los Zetas dispuso de inmediato su reemplazo en Veracruz:

El nuevo jefe de Los Zetas en el estado se llama Miguel Treviño Morales, alias El Z-40, quien probablemente sepa más que las autoridades veracruzanas sobre las andanzas del cadáver de su antecesor, que aún no puede descansar en paz.

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LA GRAN BODA

Marzo 7, 2008 · Dejar un comentario

Aquí, en pleno corazón del Triángulo Dorado del narcotráfico –como se conoce a la zona donde confluyen los estados de Sinaloa, Chihuahua y Durango–, Joaquín El Chapo Guzmán Loera contrajo matrimonio.

El lunes 2 de julio pasado el famoso narcotraficante se casó en La Angostura, localidad de este municipio a donde los fuereños llegan sólo por caminos accidentados. Con todo y eso, además de autoridades locales asistieron a la boda ex funcionarios del gobierno de Sinaloa, tierra natal de Guzmán Loera.

Su nueva esposa, de 18 años de edad, se llama Emma Coronel Aispuro.

Previamente, para halagar a su novia, el narcotraficante más buscado y por el que la DEA estadounidense (Drug Enforcement Administration) ofrece 5 millones de dólares, secuestró prácticamente a la cabecera municipal durante todo un día, el pasado 6 de enero, para ofrecer un baile en honor a Emma en la plaza municipal.

Localizado en la Sierra Madre Occidental, Canelas –cabecera del municipio del mismo nombre– tiene 2 mil habitantes. La Procuraduría General de la República considera este uno de los lugares del país donde más se cultivan y trafican la mariguana y la amapola. La gente misma reconoce que aquí se siembra en 80% esos enervantes y 20% de maíz o de frijol.

Igual que los municipios de Tamazula y San Dimas, esta región atrae a los capos del narcotráfico, que la hicieron parte de su Triángulo Dorado. Dentro de todo, La Angostura es una de las localidades más alejadas de Canelas, la cabecera: en época de lluvias sólo se llega después de tres horas y media en motoneta; la única otra opción es el helicóptero. Pero aunque apenas hay diez casas, su ubicación es lo importante: colinda con Tamazula, Durango, y Culiacán, Sinaloa.

Prófugo desde el 19 de enero de 2001, cuando escapó del penal federal de Puente Grande, Jalisco, El Chapo Guzmán se estableció en La Angostura a finales del año pasado.

Luego conoció a Emma, de tez blanca, cuerpo bien delineado y estatura de 1.70.

 

 

UNA FIESTA SEGURA

En su parte pública, la peculiar historia de amor comenzó el 20 de noviembre del año pasado: ese día el ayuntamiento convocó a todas las jovencitas al concurso para elegir a la reina de la Gran Feria del Café y la Guayaba 2007.

Una de las postulaciones provocó sorpresa: Emma, una muchacha del lejano caserío de La Angostura, competiría con Baudelia Ayala Coronel, de El Ranchito; Rosa Sandoval Avitia, de la cabecera; Alma Díaz Rodríguez, de Zapotes y Nancy Herrera Vizcarra, de Mesa de Guadalupe.

A partir de entonces las cinco candidatas organizaron actividades para ganar simpatizantes. Emma invitó a cuanta gente pudo al gran baile que haría el 6 de enero. Sobre este acontecimiento, el periódico local El Correo de la Montaña, de mayo pasado, dijo que le dio a Emma una morbo popularidad, una fama basada en las expectativas de que El Chapo asistiera. Ya corrían rumores –que luego resultaron ser noticias– sobre la boda.

Llegó el Día de Reyes. A las 11 de la mañana unas 200 motonetas con asientos para dos personas llegaron a Canelas. A bordo de ellas, hombres con vestimenta y pasamontañas negros, con metralletas colgadas del hombro y pistolas de grueso calibre en los cinturones. Poco a poco se distribuyeron en las diez entradas del pueblo, incluyendo las de herradura (a caballo). Se apostaron en todas las calles.

Luego arribaron a la pista de aterrizaje, en avionetas de cinco plazas, los integrantes del grupo musical Los Canelos de Durango, con la misión de amenizar el baile. Pero también iban armados: presumían sus pistolas con cachas de oro.

Horas más tarde, a las 16:30, llegaron seis avionetas de ala fija. El Chapo bajó de una de ellas.

Vestía pantalón de mezclilla, chamarra, cachucha y tenis de piel negra. Estos tenían una raya blanca. Como si fuera parte de su vestuario, en el pecho llevaba cruzado un fusil de asalto AK-47 cuerno de chivo y en la cintura una pistola que hacía juego con la ropa.

Después de él bajó de la misma aeronave su brazo derecho, Nacho Coronel, originario de Canelas.

Enseguida se desplegó el resto del cuerpo de seguridad del narcotraficante al que se supone el más buscado. De otras tres avionetas bajaron hombres vestidos con uniforme verde, semejante al de los militares; portaban chalecos y radios fijos en el pecho. El operativo fue más ostentoso que el implantado en las giras presidenciales.

En las otras dos avionetas iba el armamento: granadas, cuernos de chivo, metralletas y pistolas. También incontables cajas de whisky.

Dos helicópteros comenzaron a sobrevolar la zona; el operativo estaba completo. En la plaza central, Los Canelos abrieron el baile con Cruzando cerros y arroyos, canción con la que El Chapo enamoró a Emma:

Cruzando cerros y arroyos /he venido para verte…

Y en otra estrofa:

Eres flor, eres hermosa, /eres perfumada rosa /que ha nacido para mí. /Acerca tu pecho al mío /y abrázame, que hace frío, /y así seré más feliz.

La orgullosa joven de La Angostura paseaba por la plaza mezclándose con la gente y debidamente cuidada. Los hombres de su galán le abrían paso cuando éste quería bailar. La pareja, como dice su canción, se veía feliz.

Con tanta vigilancia la fiesta debía ser un éxito. De pronto, en un extremo de la plaza un hombre disparó un balazo, pero los guardias de El Chapo nomás lo aplacaron. Ningún altercado, era la consigna. Al ingenuo que intentó tomar una foto le quitaron la cámara. Después sólo se oyó la música y la algarabía normal de un gran baile de pueblo.

Ahí estaban, por supuesto, los padres de Emma: Blanca Estela Aispuro Aispuro e Inés Coronel Barrera. En La Angostura, Inés se dedica oficialmente a la ganadería, aunque quienes lo conocen saben que realmente su fuerte es la siembra de mariguana y amapola. Emma anunció ese día su matrimonio y, durante el bailongo, Coronel Barrera no disimuló su alegría por emparentar con un jefe tan poderoso.

Había pocas pero notorias personas. Algunos asistentes dicen haber reconocido al ex subprocurador de Justicia de Sinaloa, Alfredo Higuera Bernal, y al presidente municipal de Canelas, Francisco Cárdenas Gamboa, de extracción panista, quien concluyó su encargo el 31 de agosto y cuya presencia generó dos versiones: que fue forzado a asistir o bien, que es un integrante más de la organización de El Chapo.

EN EL REINO DEL CAPO

Los objetivos del baile se cumplieron: Emma quedó a la cabeza del concurso para reina de la Feria del Café y la Guayaba 2007 y Joaquín Guzmán afianzó su relación con ella. De paso, demostró su poder al aparecer en público desafiando a policías y militares. Además de Canelas, en el presente año se le ha visto en los concurridos restaurantes El Mirador, de Monterrey, y La Garufa, de Torreón.

A las 11 de la mañana del día siguiente despegaron los aviones del capo. Aparte de los recuerdos de una fiesta fenomenal, a los habitantes de Canelas les quedó la certeza de que pronto habría boda.

Aunque hablan con mucha reserva, los propios vecinos recuerdan que dos días después, el 8 de enero, llegaron al municipio 150 militares del 72 Batallón de Infantería, destacamentado en Santiago Papasquiaro, Durango. Acamparon frente a la pista de aterrizaje, en la Cañada del Macho y Ojito de Camellones, e instalaron un retén en la carretera. Se quedaron 44 días.

El 14 de febrero se contaron los votos del concurso: de 800 votos, 400 los ganó Emma Coronel; en segundo lugar quedó Alma Díaz Rodríguez y el tercer puesto fue para Baudelia Ayala. Ese día regresó la música con los grupos Alegres del Barranco, la Banda Tierra Blanca y nuevamente Los Canelos. Cada uno abrió con el corrido Cruzando cerros y arroyos, dedicado a Emma I.

La coronación se consumó el 23 de febrero, día de la inauguración de la feria. Varios canelenses dicen que El Chapo estaba presente mientras Emma recorría las calles del pueblo. Casualmente dos días antes, el 21 de febrero, se había retirado el destacamento del Ejército.

El periódico de la comunidad, El Correo de la Montaña, reseña en su boletín número 23:

En la edición de éste 23 de febrero de 2007, en punto de las once horas aproximadamente, previo desfile por el encementado de la cancha deportiva habilitada para el magno evento de coronación de sus majestades –como dijera el conductor del programa al referirse al cortejo saliente y al entrante–, la autoridad municipal, presidida por el C. Francisco Cárdenas Gamboa, sin más preámbulo, procedió a colocar la corona en las sienes de Emma I; a la vez que el Sr. Rodolfo Dorador, senador (del PAN) por la República, hacía lo mismo con Alma, elegida –al igual que la reina– democráticamente princesa.

Continúa el periódico:

Emma I llega al reinado precedida de gran morbo popularidad, que se genera a partir del día 6 de enero, en el cual presidió un comentadísimo y lucido baile en la cabecera municipal. A partir de ahí y sumado a ello la sencillez y simpatía que la caracterizan, así como sus ganas de triunfar, le hicieron merecer el que la mayoría de los votantes la prefirieran como Reina de Canelas, edición 2007.

El de Emma I es el reinado más corto en la historia de la feria. Por tradición, si la reina se casa es sustituida por la princesa. Pero ésta se casó también en julio. Para el último informe del alcalde Cárdenas Gamboa, el pasado 30 de agosto –acto al que debe asistir la soberana–, el maestro de ceremonias presentó como nueva reina de Canelas a la hasta entonces embajadora Baudelia Ayala.

TERCERA LUNA DE MIEL

Junto con Héctor El Güero Palma Salazar, hasta 1989 Joaquín Guzmán Loera fue lugarteniente del capo de capos Félix Gallardo, que en abril de ese año fue detenido por Guillermo González Calderoni, comandante de la Policía Judicial Federal en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Ya en prisión, Gallardo decidió repartir su territorio.

De acuerdo con datos de la PGR, El Chapo Guzmán recibió Mexicali y San Luis Río Colorado; Rafael Aguilar Guajardo, Ciudad Juárez, Chihuahua y Nuevo Laredo; Héctor Palma, Nogales y Hermosillo; Jesús Labra, tío e impulsor de los Arellano Félix, Tijuana; e Ismael El Mayo Zambada, Sinaloa.

En su libro Los capos, el periodista Ricardo Ravelo narra cómo Ramón, Benjamín y Francisco Rafael Arellano Félix impusieron su poder en todo Baja California, rompiendo el acuerdo con El Chapo, a quien echaron de su territorio. Incluso invadieron Sinaloa y Durango.

En 1993, la detención de Francisco Rafael cimbró la estructura de los Arellano Félix, pero eso no detuvo su guerra a muerte con El Chapo, quien se asoció con El Güero Palma hasta que éste fue detenido y llevado al penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco. Más tarde, ambos, se aliaron con El Mayo Zambada.

El 23 de mayo de 1993, en un enfrentamiento entre la banda de los Arellano Félix y la de El Chapo en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara –que sigue sin aclararse– fue asesinado el cardenal Jesús Posadas Ocampo. En consecuencia, el Gobierno Federal desató una persecución que culminó ese mismo año con la detención de Joaquín Guzmán en Guatemala.

Durante siete años Guzmán gozó de un poder absoluto dentro del reclusorio federal de Puente Grande. En complicidad con El Güero Palma y Arturo Martínez Herrera, El Texas, y con varios custodios a su servicio, preparó su fuga durante dos años y la llevó a cabo el 19 de enero de 2001.

Fue en ese penal donde El Chapo sostuvo la última relación sentimental de que se había tenido noticia hasta ahora. Fue con Zulema Hernández, que se convirtió en su amante en prisión.

En Puente Grande el capo atendía a Zulema Hernández y a su segunda esposa, Laura Alvarez Beltrán. Su primera esposa fue Alejandrina María Salazar Hernández, con quien se casó en 1977 y procreó cuatro hijos. El mayor de ellos, Archivaldo Iván Guzmán Salazar, conocido como El Chapito, está preso en el penal del Altiplano, antes La Palma, desde el 9 de junio de 2005, bajo los cargos de lavado de dinero y su probable participación en el asesinato de la estudiante canadiense Kristen Deyell en Guadalajara.

Con su reciente boda, Emma Coronel Aispuro se convirtió en la tercera esposa del narcotraficante. Aunque inicialmente se divulgó que el enlace sería el 3 de julio, finalmente se adelantó un día para hacerlo coincidir con el cumpleaños 18 de Emma.

La ceremonia se realizó en La Angostura. A diferencia del baile del Día de Reyes, el día de la boda la gente de Guzmán Loera cercó el caserío y sólo estuvieron presentes familiares de la novia y personas muy allegadas a El Chapo, como Ignacio Coronel y el ex subprocurador del gobierno de Sinaloa, Alfredo Higuera Bernal. Al juez y al sacerdote los llevó Guzmán desde Sinaloa.

Lugareños que conocieron de estos hechos aseguran que la boda siempre estuvo programada para el 2 de julio y que con el cambio de fecha el novio descontroló a sus enemigos. Un día después de la ceremonia, La Angostura fue cateada por soldados pero Emma Coronel y Joaquín Guzmán ya estaban en Colombia.

El Chapo también pudo despistar a otros enemigos. Días después de la boda, los habitantes de Canelas vieron una aeronave sobrevolar las montañas. Creen que se trataba de una avioneta perteneciente a capos rivales.

En Canelas se sigue escuchando su corrido: Alegre y enamorado, siempre le ha gustado ser. /La plebe que le ha gustado, siempre la carga con él, /le cueste lo que le cueste, pues ejerce su poder.



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Marzo 6, 2008 · 1 comentario

Las historias aqui expuestas son basadas en reportajes publicados en la prensa escrita, esto es meramente una compilacion de estas…………

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